Santas Salomé y Judit

Date: 
Lunes, Junio 29, 2020

AL MEDIAR el siglo nueve, Walter, el abad del doble monasterio de Ober Altaich, en Baviera, mandó que se construyese la celda para una ermitaña, en el extremo occidental de la iglesia, con una puerta hacia al coroñ Tras los ritos y ceremonias acostumbradas, enclaustró ahí a una parienta suya, una extranjera venida de Inglaterra, llamada Salomé. De acuerdo con una tradición que circulaba en Altaich, era una princesa doncella, sobrina del rey inglés. Durante el viaje de regreso de uan peregrinación a Jerusalén, tuvo la desventura de perder a sus dos damas asistentes, todas sus posesiones y, temporalmente, la vista. Luego de muchos sufrimientos y largas caminatas, llegó a Passau, donde halló refugio durante algún tiempo; de ahí se fue a Altaich, con el propósito de terminar sus días en la reclusión, entregada a la plegaria y la penitencia. Algún tiempo después de su enclaustramiento, llegó a reunirse con ella una prima o tía, llamada Judit, que era viuda y, según creencia general, había sido enviada por el rey de Inglaterra para buscar a Salomé. Pero sea como fuese, el claustro de Altaich le gustó y ahí se quedó con su pariente. Fue construida una segunda celda, adyacente y ahí vivieron las dos mujeres hasta que la muerte de Salomé dejó a Judit sola. A veces, ésta sufría los ataques del diablo, que acudía a atormentarla por las noches: los gritos de horror que se escapaban de su celda, atraían a los monjes del vecino monasterio para averiguar si la estaban asesinando. A su muerte, fue enterrada junto a Salomé, en Ober Altaich. Se afirma que, en 907, cuando el monasterio fue destruido por los húngaros, las reliquias de las dos reclusas fueron trasladadas a Nieder Altaich donde aún se las venera.

Ninguna princesa inglesa de la época, según los registros históricos, se podrá identificar con Salomé o con Judit, a menos que, como ya se ha sugerido, alguna de ellas fuese Edburga, la hermosa y malvada hija de Offa de Mercia. Edburga se casó con Beortrico, rey de los sajones del oeste y, luego de asesinar, por simple gusto, a muchos de los cortesanos, mató accidentalmente a su esposo con el veneno que había preparado para algún otro. Por sus nefandos crímenes fue condenada al destierro y, al abandonar Inglaterra, se refugió en la corte de Carlomagno. El monarca, como dice Guillermo de Malmesbury, "por la gran belleza y la increíble perversidad de Edburga, la entregó a un convento de nobles monjas para que la cuidasen". Pero la conducta de la inglesa en el claustro fue tan reprobable, que las monjas, escandalizadas, la expulsaron ignominiosamente; desde entonces, quedó condenada a ir de un lugar a otro, sin ser recibida en ninguno y con una criada por toda compañía.

Asser afirma que muchas gentes la vieron pedir limosna de puerta en puerta, en las calles de Patavium (Pavía). Si acaso Patavium es, como se ha sugerido, el nombre de Patavia o Passau, que algún copista hubiese escrito mal, habría la posibilidad de que Edburga fuera la enclaustrada Judit, puesto que Passau está muy cerca de Altaich. Se supone, naturalmente que, al entrar en religión, se cambió el nombre para romper todo vínculo con su tenebroso pasado.

Alban Butler - Vida de los Santos