Nuestro camino: santidad en lo cotidiano

de Enrique Díaz Díaz
Obispo Coadjutor de San Cristóbal de las Casas

3 Julio

Santo Tomás Apóstol

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Efesios 2, 19-22:“Ustedes han sido edificados sobre el cimiento de los apóstoles”, Salmo 116: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio”, San Juan 20, 24-29: “¡Señor mío y Dios mío!”

Cuando imaginamos el grupo de los apóstoles y los contemplamos a cada uno de ellos con su personalidad y con su muy diferente carácter, podemos imaginar lo humano que es Jesús para aceptar a cada uno como es y para hacerlo sentir especial y amado por él.

Hay algunos apóstoles que destacan más a través de las narraciones de los Evangelios por muy diferentes aspectos. Tomás es uno de los más citados y conocidos sobre todo por San Juan que se empeña en presentarnos diferentes facetas de este discípulo tan especial, que se hace más cercano a cada uno de nosotros. Ya en el anuncio de la subida de Jesús a Jerusalén expresaba sus temores, pero a pesar de ello está dispuesto a seguirlo y dice con cierta ironía: “Vayamos pues y muramos con él” (Jn 11,16).

Cuando Jesús en la última cena abre el corazón a sus discípulos y les anuncia su partida, es Tomás quien reclama que no entiende ni a dónde va, mucho menos va a saber el camino (Jn 14, 1-6). Éste es Tomás, un poco sarcástico y siempre muy humano. El pasaje que hoy hemos leído y que con frecuencia citamos cuando dudamos de algo: “Yo como Santo Tomás, hasta no ver no creer”, nos ayuda a captar de un modo más cercano todo lo que debió ser para aquellos asustados discípulos, la resurrección del Señor. El camino de Tomás es el largo itinerario que va desde la humana desconfianza, hasta la plena confesión del arrodillado que humildemente exclama: “¡Señor mío y Dios mío!”.

Ese es nuestro mismo camino, desde la humanidad, desde lo cotidiano, desde lo muy concreto, descubrir la presencia de Jesús en medio de nosotros. Ese Jesús capaz de recordarnos que Él es el camino, la verdad y la vida. Ese Jesús que es cierto que habla de la cruz pero como un camino de salvación. Ese Jesús que es capaz de invitarnos a tocar sus llagas, a mirar sus heridas, para descubrir la verdad de su misión. Hoy junto con Tomás también nosotros tengamos un encuentro con Jesús. Mostrémonos tan humanos como somos, pero dejémonos conducir por su camino para que también nosotros lo descubramos como nuestro Dios y nuestro Señor.