Santa Julia

Date: 
Viernes, Mayo 22, 2020
Clase: 
Santa

Julia era la hija de una familia senatorial que vivía en la provincia de África, concretamente en la gran ciudad de Cartago. Cuando la provincia fue asaltada y devastada por los vándalos, en torno al siglo V, Julia fue capturada y vendida como esclava en un mercado público mientras el resto de su familia fue asesinada. La compró un mercader pagano llamado Eusebio, que era una buena persona y no sólo no le impidió practicar su religión, sino que le cogió cariño por su paciencia y competencia en realizar labores de esclava, siendo cierto que hasta entonces había sido libre y de familia pujante. A todos cuantos le pedían comprarle su bonita y hacendosa esclava, él respondía que no la cambiaba ni por todo su servicio entero, tanto era el afecto que le profesaba.

Cierto día, en el año 439, Eusebio hubo de embarcarse hacia la isla de Corsica (actual Córcega) para gestionar unos asuntos, y se llevó a su esclava favorita con él. Al llegar allí, Eusebio fue invitado a participar en unas fiestas paganas por el propio gobernador de la isla, Félix. Julia, al saberlo, se negó a desembarcar, diciendo que no tomaría parte en aquello, pues era cristiana. Eusebio la dejó estar y partió solo a la fiesta. Al tener noticia del desplante de Julia, Félix se enfureció y recriminó a Eusebio no tener la suficiente autoridad como para hacer que una joven esclava le obedeciese (era obligación de los esclavos asistir a las fiestas y ritos en que tomaban parte los amos). Eusebio lo justificó diciendo que le tenía cariño y prefería no obligarla. Entonces Félix se ofreció a comprarla, cosa que Eusebio rechazó de plano por espléndidas ofertas que le hiciese.

Pero pronto, aprovechando que Eusebio dormía la borrachera después de la fiesta, Félix mandó que le trajesen la esclava y, apoyándose en el pretexto de que una esclava no debía desobedecer al amo –puesto que, no lo olvidemos, ya no estaba vigente ningún edicto de persecución en esa época- pretendió obligarla a sacrificar a los dioses, cosa que Julia se negó a hacer. De modo que mandó torturarla.

Julia fue cruelmente azotada y apaleada, la descoyuntaron en el potro, le destrozaron el rostro a bofetadas, le afeitaron la cabeza y le cortaron los pechos, pero no logró Félix lo que se proponía; por lo que ordenó darle muerte de esclava: fue crucificada en un cabo de la isla, mirando hacia el mar. Para cuando Eusebio logró recuperarse de la resaca y correr desesperado al pie de su cruz, ya era tarde; había fallecido. Lleno de pesar, mandó desclavar su cuerpo, ungirlo y amortajarlo con dignidad, y lo entregó a la comunidad cristiana de la isla, que se encargó de darle honrosa sepultura.

La historia, aunque es preciosa y no del todo inverosímil aunque sí extravagante por las fechas y las circunstancias de la misma; se considera una leyenda y no es comprobable. Sí lo es la existencia de la Santa, cuyas reliquias se siguen venerando con devoción en Córcega y en Francia. Santa Julia es patrona de las criadas, por su esclavitud (a veces aparece portando un jarro, símbolo de la servitud), y de los marineros, por haber sido crucificada mirando al mar. De hecho es la patrona de Livorno, el puerto más importante de Roma en la actualidad.