La Santísima Trinidad

Todo lo que tiene el Padre es mío.

Primera lectura: (Proverbios 8,22-31)

Marco: El contexto es la primera parte del libro de los Proverbios (1,1-9,18).Su forma es la del ensayo breve: invitación del maestro de Sabiduría, o de la Sabiduría personificada, al hombre para formar y orientar su conducta. Se trata de personificaciones poéticas con una clara función pedagógica. Esta Sabiduría tiene su origen en Dios y es don de Dios.

Reflexiones

1ª) ¡La Sabiduría es anterior a toda la obra creacional!

El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas... La Escritura enseña que los hebreos no llegan a los principios universales del conocimiento por la vía de la abstracción de lo sensible a lo insensible o espiritual, sino por la vía de lo temporal, es decir, retrocediendo en el tiempo. La Sabiduría es una realidad que está más allá de la creación de todas las cosas. Esto quiere decir que la Sabiduría estaba junto a Dios desde siempre; era parte de su propia naturaleza. La Sabiduría y el Espíritu son entendidos como dos realidades pertenecientes a Dios desde siempre. Estas descripciones que personifican poéticamente la Sabiduría fue una forma de preparar el camino para la revelación plena de Jesús como Sabiduría del Padre. Pero estas personificaciones convivían en el pensamiento y enseñanza de Israel junto a la profesión de un monoteísmo riguroso: Dios es único en naturaleza y en persona. Pero estos anticipos poéticos y estas reflexiones teológicas prepararon pedagógicamente el camino para su plena revelación. Ya cercanos a Jesús, el judaísmo reflexionó sobre la naturaleza de la Palabra, de la Sabiduría y la Ley, llegando casi a una personificación. Dios mira y contempla a su Sabiduría como lo hace con la Palabra para crear al mundo, como una imagen en que se reflejan todas las criaturas, como el arquitecto en la obra creadora. Y esta Sabiduría fue entregada como un don a los hombres para que, fijando su atención en ella, condujeran su vida por el camino de la vida y de la paz.

2ª) ¡La Sabiduría habita en la intimidad de Dios!

Yo estaba junto a él como aprendiz, yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia, jugaba con la bola de la tierra, gozaba con los hijos de los hombres. Sabemos que es propio del talante semita describir las realidades más importantes recurriendo al uso de imágenes. Es propio de su genio literario. Estas imágenes con que se describe la Sabiduría reflejan una comprensión entrañable de sus relaciones con Dios. Dios contempla su Sabiduría y la ama con ternura y se establece una relación de intimidad singular. Se establece una corriente de felicidad que es expresada por la imagen de que juega en su presencia y era su encanto cotidiano. La contemplación del autor sagrado se dirige en dos direcciones: la primera hacia Dios; la segunda hacia los hombres al afirmar que gozaba con los hijos de los hombres. La Sabiduría aparece así como un intermediario, un puente, un mediador entre Dios y los hombres. La revelación neotestamentaria, al aplicar a Jesús todas estas descripciones, afirmará que es el único Mediador entre Dios y los hombres (1Tm 2,5; y, en general, la carta a los Hebreos). La historia de la salvación intenta acoger esta revelación gratuita como un don y una garantía de la cercanía de Dios que no está alejado del hombre sino al lado de su mejor criatura porque es su imagen y semejanza. Un Dios que se interesa por nosotros. ¡Así es nuestro Dios! Más tarde, en la plenitud de los tiempos, se realizará la cercanía jamás soñada: que ese Dios se haría hombre verdadero y viviría entre los pobres de modo preferente, aunque no exclusivo, porque es el Salvador universal.

Segunda lectura: (Romanos 5,1-5)

Marco: El contexto es la segunda sección de la carta (5,1-8,39). En ellos el tema de la salvación es central, pero la palabra clave en esta sección es «vida». Los términos «vida, vivir» son muy abundantes en esta sección. Pablo trata de explicar en qué consiste la salvación que Dios nos concede mediante la fe en Jesucristo. El fragmento ha sido elegido para esta fiesta porque describe, sintética y brevemente, el papel que los tres desempeñan en el plan salvador.

Reflexiones

1ª) ¡Estamos en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo!

Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo... Jesús es el puente de comunión con el Padre. Por eso establece la paz que se había perdido, según el relato del Génesis 3, en los comienzos de la historia de la humanidad. La obra de Jesús restaura la comunión del hombre con Dios y la armonía en su propio interior y con el resto de los hombres y de la creación. Misteriosamente estaban presentes los tres, aunque no reconocidos explícitamente todavía, en la obra creacional. Y misteriosamente también en la obra de la salvación. Ahora disponemos de una revelación más plena que ha tenido lugar en la persona y en la obra realizada por Jesús. Es propio de la revelación neotestamentaria la afirmación de un solo Dios y a la vez tres personas (que será ulteriormente explicitada en la Iglesia). La definición de esta verdad básica para el cristianismo tuvo lugar en el siglo IV (después de largas y duras controversias cristológicas). El Nuevo Testamento nos enseña que hay un Dios que se manifiesta como tres personas que actúan armónicamente en favor del hombre. En esta lectura se asigna al Espíritu una tarea que ya había realizado, en cierto modo, Jesús mismo, ya que toda su vida estuvo acompañada por la acción del Espíritu.

2ª) ¡El Espíritu nos asegura la esperanza!

La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. La Escritura nos enseña que la esperanza ha sido una de las claves y líneas fuertes que han conducido toda la historia de la salvación. El Espíritu de Dios condujo esta historia de modo gradual y pedagógico y alimentó esta esperanza contra todas las dificultades y fracasos de los hombres. Pablo establece una relación íntima entre el camino de la esperanza y la presencia del Espíritu. El itinerario que conduce a la experiencia de la esperanza no carece de dificultades. La esperanza es un don gratuito, pero en su ejercicio pone a contribución todas las fuerzas humanas y de la gracia. Es una virtud que viene acompañada por la fortaleza. El Espíritu Santo sale garante de la posibilidad de conseguir la meta marcada por esta virtud teologal. La revelación de la persona del Espíritu Santo, como distinto de la persona del Padre, es una característica peculiar del Nuevo Testamento.

A lo largo de la historia de la salvación se le comprendía como el Espíritu de Dios, pero no un ser distinto personalmente. Pablo nos recuerda que Él es la garantía de nuestra esperanza. De este modo, en este breve fragmento, nos descubre la presencia y actuación de los tres. El Espíritu Santo es el encargado por el Padre para mantener la conciencia de los creyentes en Jesús despierta y atenta. Pero el Apóstol afirma que esta experiencia de Dios como Padre, conseguida por el Hijo y reafirmada constantemente por el Espíritu, es una experiencia de libertad y de esperanza. El Espíritu ha recibido el encargo de parte del Padre de mantener en la conciencia de los creyentes viva y operante esta libertad de los hijos, que el Hijo nos consiguió por su muerte y resurrección. En un mundo como el nuestro, esta oferta de interpretación de su historia es necesaria.

Evangelio: (Juan 16,12-15)

Marco: Jn 14-16 constituyen los textos neotestamentarios más completos sobre la Trinidad.

Reflexiones

1ª) ¡El Paráclito, Espíritu de la Verdad, es el Intérprete de Jesús!

Cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena... Os dará la interpretación de lo que está por venir. En el discurso de despedida se recogen algunos pequeños bloques de enseñanzas de Jesús sobre el Paráclito. En todos ellos se descubren algunos elementos importantes: en primer lugar, la diferenciación entre los dos en su ser y actuar (es el otro Paráclito); en segundo lugar, su armónica comunión en la actuación a favor de los hombres; en tercer lugar, la continuidad entre los dos. De este modo el Espíritu recibe la misión de guiar a la comunidad de los discípulos y, posteriormente, a toda la Iglesia, hacia la verdad plena. Esta comprensión de la verdad plena, obra del Espíritu, no consiste en añadir cosas que faltaran a la enseñanza de Jesús, sino en una comprensión más completa, íntima y personalizada. En definitiva, la Verdad es Jesús mismo en persona. El Espíritu nos conduce hacia la comprensión de la propia persona de Jesús. Pero además recibe la misión de interpretar todo lo que ha de suceder o lo que ha de venir. Esta expresión indica los acontecimientos centrales de la salvación. El Espíritu nos proporciona también la comprensión y asimilación de su muerte (aparentemente escandalosa) y su resurrección (misteriosamente desbordante para el hombre). Estos dos acontecimientos son los centrales en la ejecución del plan de Dios. Y esto es lo que había de venir, con el complemento necesario de su Vuelta gloriosa al final de los tiempos. Hoy también necesita la Iglesia esta acción del Espíritu al servicio de la causa de Jesús.

2ª) ¡Admirable armonía y comunión entre el Padre, Jesús y el Espíritu!

Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo comunicará. Una vez más es necesario recordar que Dios se ha revelado en y a través de la historia de la salvación. Es una característica peculiar de la revelación bíblica. A Dios se le conoce a través de lo que hace, porque se manifiesta a través de las realizaciones de la salvación. el narrador vuelve a insistir en ese modo de revelación. Obsérvese la insistencia en el pronombre “vosotros”: os irá comunicando, os lo anunciará. Los tres están volcados en una misma acción a favor de la comunidad de los discípulos de Jesús. En la realización de la historia de la salvación cada uno se manifiesta distinto, pero los tres son uno: El Padre y yo somos unos (Jn 10,30). Y los dos son una misma cosa con el Espíritu. Y cuando Jesús ora por la unidad en la comunidad dirige la mirada de sus oyentes y lectores hacia la admirable e indisoluble unidad que hay entre ellos presentada como la causa y el modelo ejemplar de la verdadera comunión. Y sólo en esa comunión se alcanza la verdadera felicidad del hombre. San Agustín, comentando la Primera Carta de san Juan, escribe: En esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa. La alegría completa es la que se encuentra en la misma comunión, la misma caridad, la misma unidad (PL 35,1980).

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)