Construir activamente el Reino de Dios

de Enrique Díaz Díaz
Obispo Coadjutor de San Cristóbal de las Casas

27 Agosto

Santa Mónica

AUDIO

2 Tesalonicenses 3, 6-10. 16-18: “El que no quiera trabajar, que no coma”, Salmo 127: “Dichoso el que teme al Señor”, San Mateo 23, 27-32:“Ustedes son los hijos de los asesinos de los profetas”

Hay muchas formas de enseñar. Jesús lo hace con su ejemplo pero también contraponiendo la conducta de los escribas y fariseos a su forma de actuar. Son muy duras sus palabras al compararlos con los sepulcros. En nuestros tiempos evitamos abrir los sepulcros por el peligro de contaminación, entre los israelitas se añadía el sentido de la impureza. Así que cuando acusa a los escribas y fariseos de ser sepulcros blanqueados es más fuerte su sentido. No sólo el horror y el natural disgusto que causa el mirar los huesos descompuestos, sino se le añade el sentido moral de la impureza.

San Pablo por su parte en la carta a los Tesalonicenses también arremete contra quienes no actúan, viven en la ociosidad. Son célebres sus palabras: “El que no quiera trabajar, que no coma” Y no lo dice en el sentido mercantilista y comercial que ahora se le quiere dar, donde si la persona no produce se le deshecha y se le desprecia, sino como una acusación contra la ociosidad y la pereza. Así, juntos Jesús y Pablo, con sus fuertes críticas nos enseñan lo que no deberá hacer un verdadero discípulo: ni vivir en la pereza, ni aparentar lo que no es. Pablo se pone de ejemplo que para sobrevivir supo ganarse la vida con sus propias manos… Jesús también con sus manos supo ganarse el pan.

Hoy hay muchos que no encuentran trabajo, pero también encontramos personas que viven a expensas de los otros, como zánganos que se aprovechan del esfuerzo de los otros. Aprendamos hoy el valor del trabajo y el valor de la honestidad y la sinceridad. No esperemos que alguien venga a descubrirnos. Igual que a los fariseos, Cristo nos dice que si no hacemos caso a sus palabras, tampoco hubiéramos hecho caso a un profeta que nos viniera a hablar directamente. Los tiempos, las circunstancias, la Palabra del Señor, deben ser nuestras guías para ponernos a construir activamente el Reino de Dios.