Es grave permanecer indiferentes

de Enrique Díaz Díaz
Obispo Coadjutor de San Cristóbal de las Casas

27 Octubre

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Efesios 4, 32-5,8: “Vivan amando como Cristo”, Salmo 1:“Dichoso el hombre que confía en el Señor”, San Lucas 13, 10-17:“¿No era bueno desatar a esta hija de Abraham de esa atadura, aun en día de sábado?”

Jesús nos da hoy una bella lección: antes que leyes, antes que predicaciones, antes que condiciones, está la persona humana. La imagen de la mujer encorvada es muy sugestiva. Es imagen de quienes por siglos han llevado el peso de la marginación, de las injusticias y del trabajo. Lo hacen en silencio y con frecuencia sufriendo las leyes injustas que sostienen una estructura que deja cada día más pobres a quienes menos tienen.

Podremos aducir muchas razones y podremos acusar a muchas personas, pero siempre estará presente en medio de nosotros esa mujer encorvada que llevaba ya dieciocho años enferma a causa de un mal espíritu. No echemos la culpa a otros, el mal espíritu ha de entenderse como todas las situaciones de pobreza, enfermedad y marginación que afectan a los más pobres, pero no podemos aducir las causas solamente al mal, sino que el mal se obra a través de cada uno de nosotros.

Grave pecado cometemos cuando permanecemos indiferentes a todas estas situaciones que a todos nos toca remediar y corregir. Pero todavía más grave será que aduciendo normas morales o legales dejemos que estas situaciones permanezcan y se agraven. El jefe de la sinagoga podría ser cualquiera de nosotros cuando acusamos a los demás de ser causantes de sus propios males sólo para esconder nuestra indiferencia y nuestra apatía por los graves problemas que enfrenta nuestra comunidad. ¿Cuántas veces decimos a mí no me toca o estoy muy ocupado? ¿Cuántas veces nos justificamos en legalismos y costumbres? Hoy Jesús nos muestra cómo actúa Él y cómo debemos también actuar nosotros.

Poner en primer lugar a las personas, antes que las leyes, antes que los negocios, antes que las ganancias y antes que nuestras ideologías. Hay personas en torno nuestro que están sufriendo y también están encorvadas, necesitamos abrir los ojos, acercarnos a ellas y actuar como lo hizo Jesús.