Ser luz que ilumine, no fuego que destruye

de Enrique Díaz Díaz
Obispo Coadjutor de San Cristóbal de las Casas

29 Enero

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Hebreos 10, 19-25: “Mantengamos firme, con la plenitud de la fe, la profesión de nuestra esperanza, estimulándonos mutuamente al ejercicio de la caridad”, Salmo 23: “Busquemos a Dios, nuestro Señor”, San Marcos 4, 21-25: “La misma medida que utilicen para tratar a los demás, se usará para tratarlos a ustedes”

Hay ejemplos tan plásticos y tan sencillos utilizados por Jesús, que por sí solos pueden darnos una gran enseñanza. Hoy nos ofrece en pocas palabras una imagen bella pero también perturbadora… imaginemos lo que Jesús dice: una vela encendida. ¿En dónde la colocamos? ¿Debajo de la cama? Terminará incendiándola y destruyendo lo que está cercano. ¿Debajo de una olla? Primeramente, no podrá iluminar; pero además se sofoca por la falta de ventilación y se apaga.

Ahora saquemos conclusiones de estas imágenes que Jesús nos ofrece como seña del cristiano. Una luz que se torna peligro, que quema lo que encuentra a su paso, que destruye y que divide. ¿Nos hemos convertido en eso nosotros? ¿Quemamos y destruimos a los demás cuando deberíamos alentarlos y sostenerlos? O quizás somos la luz colocada debajo de la olla. Nos miramos a nosotros mismos, nos encerramos en nuestros círculos, somos muy pagados de nosotros mismos y acabamos ahogándonos en nuestro propio orgullo.

¿Esto nos sucede? La misión del cristiano es dar luz a los demás, no tanto que se le mire a sí mismo; desgastarse para iluminar, no ocultarse en sus propias adulaciones; animar a sus hermanos, no ahogarse con sus propios humos. La tarea del discípulo es dar luz y en estos días urge que alguien lleve luz a los demás y Cristo te confía esa misión.

El Papa Francisco de un modo magnifico ha hecho muy actual esta misión: dar luz, dar la alegría del Evangelio. Quien ha encontrado a Cristo-luz se convierte en portador de alegría, no puede ocultar esa luz. Además Jesús nos ofrece una sentencia que nos ayuda a revisar lo que estamos haciendo: “La misma medida que utilicen para tratar a los demás, esa misma medida se usará para tratarlos a ustedes, y con creces”.

Reflexionemos por un momento y contemplemos a todas las personas que entran en contacto con nosotros… y miremos la situación desde su punto de vista ¿cómo se han sentido tratados por nosotros? ¿Se sienten ignorados o no tomados en cuenta? ¿Se sienten ofendidos o utilizados? Pues pensemos en las palabras que nos dice Jesús y actuemos en consecuencia: “así serán tratados ustedes”.