La falsedad

de Enrique Díaz Díaz
Obispo Coadjutor de San Cristóbal de las Casas

29 Mayo

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Eclesiástico 44,1.9-13:“Nuestros padres fueron hombres ilustres y su gloria jamás se extinguirá”, Salmo 149: “El Señor es amigo de su pueblo”. San Marcos 11,11-26: “Mi casa será casa de oración para todos los pueblos.- Tengan fe en Dios”

¡Qué difícil nos resulta entender algunas actitudes de Jesús! Ve una higuera, llena de hojas y porque no tiene frutos la maldice, cuando el evangelista nos está diciendo claramente que no era tiempo de higos.

¿Es Jesús injusto? Quizás Jesús nos quiera llevar mucho más allá con este signo. Quizás lo que esté reclamando es la falsedad de una planta que pretende y aparenta dar frutos y no los tiene. Lo entenderemos mucho mejor referido al templo y sus responsables. La expulsión de los mercaderes debe verse en estrecha relación con la higuera maldecida. Ellos aparentan dar frutos buenos y están en el templo todo el día. Se deshacen en alabanzas e invitan a que se dé culto a Dios, pero no tanto por darle gloria, sino porque así ellos obtienen sus ganancias.

Es mala la avaricia y la ambición cuando se adueñan del corazón, pero es mucho peor cuando a esa avaricia se le disfraza de religiosidad y de bondad para engañar a los hermanos. No es raro encontrar personas que parece que hacen el bien y lo único que buscan es su propio provecho. Es triste constatar que en los peores desastres, si bien muchísimas personas manifiestan su solidaridad y dan de lo poco que tienen, otras aparentando ayudar, abusan y se aprovechan de la necesidad de los damnificados.

La condena del templo y la condena de la higuera son por la apariencia de justicia que no hay en el corazón. Para cada uno de nosotros también debe ser un cuestionamiento sobre la sinceridad de nuestros actos y la coherencia entre nuestra fe y nuestra vida.